Osasuna planteó el encuentro desde la solidez defensiva, consciente de la urgencia que imponía una racha de cuatro derrotas en sus cinco partidos anteriores. Los rojillos apostaron por una presión alta y coordinada que resultó determinante para interrumpir las salidas de balón de Racing Santander, un equipo que llegaba al Sadar también con la moral muy deteriorada tras encajar cinco goles ante el Celta semanas antes. Desde los primeros compases, Osasuna impuso su ritmo físico y su intensidad en las disputas, dominando el mediocampo y ganando los duelos directos que condicionaron el partido. La banda derecha funcionó como principal vía de progresión para los locales, que generaron situaciones de peligro con continuidad y trasladaron al marcador la superioridad que exhibieron en el campo. El primer gol, fruto de la presión constante y la capacidad de los navarros para aprovechar las transiciones rápidas, rompió el equilibrio y otorgó a Osasuna la tranquilidad necesaria para gestionar el partido con autoridad. Racing Santander mostró dificultades evidentes para mantener su estructura defensiva frente a los movimientos interiores del ataque local, y apenas generó peligro real sobre la portería de Osasuna. Los cántabros carecieron de recursos ofensivos para revertir la situación, con un bloque defensivo local compacto y atento que neutralizó sus escasas aproximaciones. En la segunda mitad, el segundo gol llegó cuando Racing Santander más necesitaba reaccionar, sentenciando definitivamente un encuentro que Osasuna dominó con claridad de principio a fin. El triunfo por 2-0 reflejó con fidelidad lo ocurrido sobre el césped del Sadar.