La ampliación a 48 selecciones y 104 partidos ha dado sitio a debutantes como Cabo Verde, que en lugar de hacer de comparsa se han plantado de tú a tú ante las favoritas. El 0-0 ante España es el mejor ejemplo: una selección que jugaba su primer Mundial le sacó un punto a una candidata.
A esa igualdad se suman las historias individuales —un goleador canadiense codeándose con Messi— que refuerzan la sensación de un torneo más impredecible. Es la combinación que explica la narrativa de esta Copa del Mundo: más participantes, más igualdad y más sorpresas por jornada.
El cierre de la fase de grupos, el 27 de junio, confirmó esa lectura: Cabo Verde, Marruecos, Noruega y Canadá certificaron su pase a dieciseisavos, mientras una potencia histórica como Uruguay se quedaba fuera y Ecuador daba la campanada ante Alemania. Con el nuevo formato de 48 selecciones, ya no basta con ser candidato sobre el papel.